Los niños necesitan experiencias tempranas de éxito cuando empiezan a aprender. Experiencias que les permitan sentir algo fundamental: “soy capaz”. Cuando a un niño se le proponen desafíos demasiado difíciles o demasiado tempranos, empiezan a aparecer frases que todos conocemos: “No puedo.” “No me gusta.” “No quiero.” Pero muchas veces esos “no” no hablan de falta de interés o de voluntad. Hablan de algo mucho más profundo: la sensación de no sentirse capaces. Todos los niños tienen derecho a sentirse capaces. No solo los tres que terminan primero. No solo los que se adaptan rápido al sistema. Todos. Todos tienen derecho a que se respete su ritmo, su punto de partida, su experiencia previa y también su estado emocional. He visto demasiados niños llorar frente a un cuaderno, frente a una cuenta o frente a una copia que parece interminable. Y cuando eso ocurre no estamos frente a un problema del niño. Muchas veces estamos frente a un problema en la manera de enseñar. Cuando algo se enseñ...