En estos días, un tema que genera mucho debate es la separación
de parejas con hijos de por medio. Historias marcadas por
conflictos, culpas, victimismos y profundo dolor. Como especialista
en el mundo emocional infantil, creo que estos casos nos invitan a pensar en lo que sucede
cuando los adultos se separan y hay niños involucrados. No desde el juicio, sino desde la
responsabilidad emocional.
Cuando hay hijos, el desafío no es “tener razón”, sino minimizar el daño emocional,
por eso , el mayor acto de amor como madre o padre ,es evitar que paguen el precio de
los conflictos adultos. Tener razón no debería importar más que proteger el corazón de
los hijos.
Frente a los reclamos, discusiones o pedidos, necesitamos hacer una pausa y
preguntarnos con honestidad: ¿esto que estoy defendiendo responde realmente al
bienestar de mi hijo… o está más ligado a mis propias heridas?
Muchas veces, en nombre de los hijos, se termina luchando batallas que no son suyas.
Son reacciones de los adultos a emociones no resueltas: rivalidad, celos, necesidad de
tener razón, deseo de venganza o simplemente mucho dolor. Confundir nuestro malestar
con sus necesidades puede hacerles mucho daño. Porque los chicos no son de goma. Se
rompen. Y no siempre se nota a simple vista.
Como especialista en salud emocional infantil, lo veo con frecuencia: aunque no siempre
lo expresen con palabras, los niños absorben todo. Cada mirada, cada grito, cada critica
o gesto cargado de tensión. Van guardando emociones demasiado grandes y
pesadas para su edad: culpa, miedo, vergüenza, ansiedad, tristeza. Lo que más desean
—y más necesitan— es ver en sus padres a personas capaces de cuidarlos… y de cuidarse.
Cuando quienes deberían ser su refugio se vuelven una fuente de angustia, el miedo crece.
Y sus pensamientos se llenan de preguntas recurrentes que los preocupan : “¿Qué va a
pasar conmigo?” “¿Y yo?”.
Todos los niños necesitan explicaciones .Esto es normal y saludable, necesitan
entenderlo en términos de lo que significa para ellos y para su propia seguridad. Es clave
ofrecerles una explicación .No tener a nadie que les explique las cosas que están
escuchando y viendo, es realmente atemorizante. Todos los chicos necesitan contexto y
seguridad y son las explicaciones que les damos lo que les proporcionan esto . Cada hijo
es diferente, por eso necesitan explicaciones diferentes para sentirse seguros, buscan un
nivel diferente de detalle y se ven impactados por diferentes partes de la historia . Es
importante gestionar conversaciones según su edad, personalidad, lo que saben y lo que
significa esa conversación para ellos. Todos los chicos son diferentes y responden a lo que
les está sucediendo de diferentes maneras. Ya sea que un hijo no exprese nada o sienta
muy profundo, es importante hacerles saber que todo lo que sienten es válido. La única
forma de atravesar una emoción que viene del miedo o el dolor es sentirse comprendido.
Podemos abrir conversaciones con: ‘Siento mucho lo que sucedió , ¿Queres contarme
como te sentís?
Otro aspecto clave es preservar, en la medida de lo posible, el entorno habitual de los
chicos: su país, su escuela, sus amigos, sus rutinas. La previsibilidad calma. Les permite
encontrar en la repetición cotidiana un ancla emocional frente al caos. No todo se puede
sostener igual, claro, pero todo lo que pueda mantenerse estable, será una herramienta
valiosa para su bienestar.
¿Y qué hacemos los adultos cuando la separación ha sido hostil y el vínculo se ha
dañado? Volver al centro: los chicos. Eso implica revisar nuestras reacciones, reparar
cuando nos equivocamos, y aprender a distinguir el enojo con la expareja de las
necesidades de nuestros hijos. Ellos no son mensajeros, ni jueces, ni responsables del
conflicto. Necesitan madres y padres que los contengan, los cuiden emocionalmente y,
sobre todo, que los protejan de las batallas adultas, sin involucrarlos. Son niños. Y
merecen seguir siéndolo.
Cuando aparecen nuevas parejas, también es posible crear vínculos de
enriquecimiento para los chicos. No se trata de forzar una relación, sino de permitir que
se construya con tiempo, respeto y autenticidad. Los niños pueden recibir mucho amor si
los adultos logran vincularse sin rivalidades ni imposiciones.
Separarse no tiene por qué ser sinónimo de destruir. Puede, incluso, convertirse en una
oportunidad de sanar, de crecer y de enseñarle a los hijos que también en los finales
puede haber amor.
Si te interesa profundizar sobre cómo acompañar a tus hijos en los momentos
más difíciles y aprender herramientas para cuidar su mundo emocional, te
invito a seguirme en mis redes sociales: @mariandeanquin.
Allí comparto contenido pensado especialmente para madres y padres que
desean criar con amor, presencia y consciencia.
¡Nos vemos ahí!
Mariana de Anquin
La regla de los nueve minutos. ¿Sientes que te falta tiempo para tus hijos? Solo 9 minutos diarios pueden cambiarlo todo.
La regla de los nueve minutos Lic. Mariana de Anquin Psicopedagoga - Especialista en Educación y Crianza Emocional La regla de los nueve minutos es una invitación a ser conscientes de lo que les decimos a nuestros hijos, lo que hacemos con ellos y, sobre todo, cómo los hacemos sentir en nuestra presencia, al menos durante nueve minutos al día. La regla de los nueve minutos surge como una guía para ayudarnos a conectar conscientemente con nuestros hijos, pero si nos detenemos a pensarlo, es muy triste que necesitemos una regla para algo tan esencial como el vínculo con ellos . Es doloroso que hayamos llegado a esta situación en la que, al criar y educar a lo que más amamos, nuestros hijos, no podemos salir del piloto automático y de conductas reactivas que nos llevan a lastimar los vínculos y a desatender las necesidades emocionales básicas de los niños. Esta regla surge para estos tiempos apurados y agobiados, donde la crianza forma parte de un gran universo de asuntos que...


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