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La técnica innovadora para cultivar un clima escolar positivo en las escuelas

¿Qué pasaría si un simple mural pudiera transformar el clima emocional de una escuela?
"¿Cómo va tu día hasta ahora?" es una técnica innovadora para cultivar el clima escolar y fomentar el bienestar institucional. Este cuento ilustra de manera clara y conmovedora cómo esta práctica promueve la empatía, la compasión y la solidaridad, fortaleciendo el sentido de pertenencia y generando un ambiente emocionalmente positivo. Diseñada tanto para docentes como para estudiantes, demuestra que pequeños gestos y momentos de conexión pueden marcar una gran diferencia en el día a día de una comunidad educativa. ¿Cómo va tu día hasta ahora? Era mi primer día en esta escuela. Caminaba por los pasillos con mi mochila al hombro, entremezclando el entusiasmo de lo nuevo con los nervios de lo desconocido. Al llegar a la sala de profesores, un mural enorme capturó de inmediato mi atención. Pintado con colores vibrantes, en grandes letras cálidas se leía: "¿Cómo va tu día hasta ahora?" Debajo de la pregunta, un eje horizontal marcaba un recorrido del 1 al 10, desde "Teniendo un día desafiante" y "Un poco complicado," pasando por "Regular," hasta "Viene OK," "Muy bien" y, finalmente, "Viene genial." En una esquina, un montón de pequeños papeles con los nombres de los docentes descansaban junto a imanes, listos para ser colocados según la respuesta de cada quien. No supe qué pensar. ¿En serio? ¿Esto funciona aquí? Para la tercera hora, la mayoría de los papeles ya estaban colocados en el mural. Algunos en el 9, otros en el 5… y un par al inicio, en el 1, marcando "Teniendo un día difícil." "Es voluntario", me dijo una voz amable. Era Carolina, la vicedirectora, que sostenía una taza de café y lucía una sonrisa franca. "Pero si alguien está en el 1, solemos acercarnos. A veces basta con un simple: ‘¿Necesitás algo?’. Otras, escuchamos, ayudamos con planillas o simplemente estamos allí." Algo en mí se aflojó. Había trabajado en muchas escuelas, pero nunca había visto algo tan humano y cercano. "¿Y si no quieren marcar nada en el mural?" pregunté, todavía algo escéptico. "También está bien. Es solo un recordatorio de que no estamos solos, incluso en los días difíciles. Y claro, días de esos tenemos todos los docentes. Pero está bien, no pasa nada, porque también hay días mejores." Si alguien está en el 8, 9 o 10, también celebramos. "¿Celebrar?" pregunté curioso. "Claro," respondió entre risas. "Si alguien está teniendo un día genial, le preguntamos qué lo hizo especial. A veces compartimos su alegría, otras trae algo rico para todos, o simplemente aprovechamos esa energía para inspirarnos." Volví a mirar el mural. No quise mover mi papel. ¿Qué pasaría si lo ponía en el 1? ¿O en el 5? No quería parecer vulnerable de entrada. Unas semanas después, llegó un lunes particularmente complicado. La clase de primer grado había sido un caos: una pelea por el lápiz rojo que terminó en lágrimas, un berrinche en el rincón de lectura, y para colmo, se me había olvidado que hoy tenía la reunión con la madre de Camila. Era una conversación delicada, y no había tenido tiempo de preparar ni una palabra. Como si no fuera suficiente, me tocaba el turno de cuidar el patio, lo que significaba que no habría un respiro para pensar con calma. Al llegar a la sala de profesores, miré el mural como si fuera un espejo. ¿Cómo iba mi día? Sin pensarlo mucho, tomé mi papel y lo coloqué en el 3: "Un poco complicado." Minutos después, mientras intentaba reorganizar mis pensamientos, Carolina se acercó. "Vi que tu día está complicado. ¿Cómo puedo ayudarte?" Suspiré, medio en broma, medio en serio, y dije: "Si me das unas vacaciones en el Caribe, eso lo haría genial." —¡Eso sí que estaría buenísimo! —rió Carolina. —No puedo prometerte el Caribe, pero podemos empezar por asegurarnos de que lo que queda de la jornada tengas tiempo para tomar una taza de café caliente y respirar entre clases. Yo cubro tu turno del patio. Su respuesta me dejó sin palabras. Sonreí, un poco apenado pero muy agradecido. Con el tiempo, empecé a notar los gestos que esta sencilla práctica generaba. María llevaba un café caliente a Joaquín cuando su papel estaba en el 1, mientras que Diego, que había colocado el suyo en el 9, compartía medialunas con el grupo. Carolina, quien desde el primer día había notado mi duda frente al mural, se acercaba cada tanto con un "Cuando lo necesites, aquí estamos." Una mañana, Sofía, que había puesto su papel en el 3, recibió una tarjeta con palabras de ánimo de parte de sus compañeros. Eran pequeños gestos, pero juntos creaban un ambiente de cuidado que hacía la diferencia. Meses después, el mural es parte de mi rutina. Hay días en que pongo mi papel en el 9 y comparto mi entusiasmo, y otros en que lo dejo en el 1, sabiendo que nadie me juzgará. Es solo un pedacito de papel, pero ha transformado cómo vivimos y enseñamos. Porque enseñar no es solo guiar a los niños; también es acompañarnos y sostenernos mutuamente en este camino tan desafiante como hermoso. Hoy tengo un "¿Cómo va tu día hasta ahora?" en mi aula. Mis estudiantes lo usan conmigo. Todo lo increíble que ha sucedido desde que introduje este mural en clase... bueno, eso te lo cuento en otro momento. Mariana de Anquin @mariandeanquin

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