En estos días, un tema que genera mucho debate es la separación de parejas con hijos de por medio. Historias marcadas por conflictos, culpas, victimismos y profundo dolor. Como especialista en el mundo emocional infantil, creo que estos casos nos invitan a pensar en lo que sucede cuando los adultos se separan y hay niños involucrados. No desde el juicio, sino desde la responsabilidad emocional. Cuando hay hijos, el desafío no es “tener razón”, sino minimizar el daño emocional, por eso , el mayor acto de amor como madre o padre ,es evitar que paguen el precio de los conflictos adultos. Tener razón no debería importar más que proteger el corazón de los hijos. Frente a los reclamos, discusiones o pedidos, necesitamos hacer una pausa y preguntarnos con honestidad: ¿esto que estoy defendiendo responde realmente al bienestar de mi hijo… o está más ligado a mis propias heridas? Muchas veces, en nombre de los hijos, se termina luchando batallas que no son suyas. Son reacciones de los adultos...